sábado, 24 de mayo de 2014

Por un bombo legüero



Por un bombo legüero

   Un músico nace de un primer encuentro, de una circunstancia trascendental en la que un sonido se incrusta en el alma, explota y la reviste de música. Con un bombo legüero y dos canciones tocadas de manera torpe pero con gran intención fue cómo la música fecundó el alma de un niño llamado Sandro Benedetto.
   A los siete años Sandro inició clases de guitarra, para los quince era consciente de  su  vocación por la música; realizó un  aprendizaje continuado de instrumentos que profundizó al terminar el  secundario. Esta pasión por la música junto a la vocación por la enseñanza lo acompañaron desde muy temprana edad ya que desde chico sintió que le  gustaba enseñar lo que sabía, el tiempo reafirmó su gusto y  apreciación por la  labor docente.
   Actualmente trabaja como  músico y profesor. Las distintas carreras que realizó le han permitido crear y enseñar  música para cine y teatro. Considera que musicalizar en estas prácticas artísticas  son experiencias totalmente diferentes, ya que el cine provee  imágenes invariables con duraciones estables, es un fenómeno que no se altera en el tiempo;  en cambio, el teatro es efímero, es concebido sin tiempos estrictos; así aunque, sean similares generan tiempos diferentes.
   Sandro es sumamente profesional  pues capta la idea del director porque sabe muy bien que la música  incidental  es marcada  por  pautas de creación externas sujetas a apreciaciones. Aunque  es meticuloso, suele abrir espacios para crear su música sin cumplir horarios para nadie, por tanto en estas instancias no tiene límites para explorar su talento.
   Disfruta mucho de su  trabajo con los medios audiovisuales, ya que este le  permite pensar o crear cosas que no se le hubiesen ocurrido en una práctica personal. Reconoce que  lúdica en la creación es lo que realmente le fascina.
Sandro Tiene muy en claro que  la banda sonora puede llegar a completar una idea, y aunque  puede  ayudar a que ese complejo estético sea elevado, sobre ella no recae  la responsabilidad de la buena o mala calidad del producto final.
   Además de estas certezas, lo que más ama de su profesión es la posibilidad de jugar y ser libre al mismo tiempo, la posibilidad que otorga la música de amar y  ser feliz.








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