domingo, 25 de mayo de 2014

El mundo de la imagen y el sonido, entrevista a Sandro Benedetto

El mundo de la imagen y el sonido

Entrevista a Sandro Benedetto
Por: Eva, Brenda y Lady

Sandro Benedetto es Licenciado en Artes –orientación en Lenguaje Musical- en la Universidad de Buenos Aires, además de egresado del Conservatorio Nacional de Música
¨Carlos López Buchardo¨ y del Instituto Tecnológico de Música. Se desarrolló profesionalmente como músico, compositor musical de cine, teatro y danza. También dicta materias y seminarios sobre lenguaje musical y banda sonora en diferentes institutos educativos, entre los que se destacan la Universidad de Buenos Aires, el Instituto Universitario Nacional del Arte y Fundación Universidad del Cine.

¿De qué manera se presentó la música en tu vida? ¿Qué música escuchabas en tu infancia?
Uno de mis primeros recuerdos sobre mis comienzos son las clases de guitarra a los siete años. Debo admitir también la gran influencia de mi padre, ya que era un aficionado por la música. Tengo un recuerdo -un tanto cómico- del día en que compraron un bombo leguero en el Norte, aunque nadie en mi familia supiera tocarlo. Sin embargo, ese bombo nos acompañó en diferentes momentos, especialmente en las visitas a mis parientes, cuando solíamos tocar dos canciones –solo sabíamos cantar y tocar dos canciones en particular-. Mi padre tocaba el bombo de forma un poco torpe pero con gran intención. Creo que mi padre era muy feliz aunque no tocara muy bien aquel instrumento (risas). Después continúe estudiando música hasta los 15 años. Luego, hice un aprendizaje continuado de instrumentos, y cuando termine el secundario, lo profundicé: entré al Conservatorio Municipal y después al Nacional, donde había estado estudiando guitarra hasta ese momento -empecé a estudiar piano también-. Para mi último año del secundario definí lo que quería hacer, sabía firmemente que mi vocación era la música. Es así como me dediqué, en paralelo con el conservatorio, a estudiar la carrera de Artes, en la Universidad de Buenos Aires.

Hoy en día, además de ser músico y compositor, te dedicas a la docencia ¿Fue una decisión instantánea?
Fue un proyecto y una fuerte sensación. Esa sensación creo que la tuve siempre, pues desde chico sentía que me gustaba enseñar lo que sabía y con el tiempo fui reconociendo mi  gusto y aprecio por la enseñanza, por la vocación docente. Considero que esta vocación por enseñar la música es algo especial, una excelente combinación. Yo trabajo como músico y como docente. Gracias a las distintas carreras que hice, incluso composición, muy paulatinamente, permitieron mi acercamiento a la música para cine y para teatro. En particular, la capacidad y experiencia me permite considerar la música para cine y teatro como una disciplina para enseñar a nivel teórico-práctico.

¿Qué diferencias hay entre componer para cine y para teatro?
El cine o el material que provee las imágenes, estables con duraciones estables, es un fenómeno que no se va a alterar en el tiempo. Si un cortometraje lo analizas hoy, la semana que viene o durante dos años, los parámetros se van mantener en el tiempo. Sea una toma, una secuencia o un plano, los actores siempre van a ser iguales. En esos casos se debe trabajar con una mayor sincronía porque una vez que lo hizo y se plasmó -se unió el discurso a la audiovisión-, no hay vuelta atrás, se acepta dicho trabajo, es lo que existe.
Por otro lado, el teatro es efímero. Mi trabajo consiste particularmente en el hecho teatral. En la representación, cada una de las partes, cada una de las puestas es diferente: el tiempo de los actores y la relación que se produce con el público. Imagínense una comedia en la cual el actor tiene un cierto espacio para desarrollarse y no logra una reacción en el público, a diferencia de otra situación dónde el público colabora y se involucra con lo que el actor hace, por ejemplo, provoca una reacción “divertida”. En ambos casos, y otras situaciones similares, se generan tiempos diferentes.
Personalmente, yo intento trabajar con mis tiempos, no me apuro y trato de ser meticuloso. Los tiempos que lleva el teatro son generalmente más largos. Por ejemplo, mi trabajo con el  género dramático, con el guión y asistiendo a los ensayos, puede llegar a ser un proceso de varios meses. Por el contrario, en un cortometraje o documental, se espera que el músico coloque la música de una forma más inmediata.
De todas maneras, es importante destacar que ambos, el cine y el teatro, son maravillosos para trabajar. Durante el proceso comparten ciertas cosas en común y en otras difieren por completo.

¿Cómo es la relación compositor director? ¿Cómo se maneja?
Cuando realizo una composición solo para mí, son obras que nadie me encargó ni me solicitaron que prepare algo en particular. Entonces uno tiene libertad y sin límites impuestos desde afuera.  Esta es música pura –a diferencia de la música incidental-, la cual, en cierto modo, no depende de otro tipo de manifestación artística para encajarse, para promocionarse. De esta forma, uno no tiene límites ni tiene  que interactuar, a excepción de los propios límites de su talento.
Al contrario, cuando uno compone música incidental, todo lo que puede llegar a ser tu creación es externo: una obra de teatro, un tema de documental, entre otros. Es importante ser sumamente profesional para captar lo que director u otro solicita. De esta manera, uno tiene una guía en la cual basarse. Además, la música incidental va a estar sujeta a muchas miradas, y puede ocurrir que la obra no quede tal como está o que el director esté o no de acuerdo con la propuesta que se llevó a cabo.
Disfruto mucho del trabajo con los medios audiovisuales porque me permite pensar o crear cosas que no se me hubiesen ocurrido por mi cuenta. Es como el trabajo del actor, quien representa diferentes roles, en mi caso trabajo con diferentes ramas artísticas, como el documental, la videodanza, la obra de teatro y juego con la musicalización. Es la cuestión lúdica de la creación lo que me fascina.

Leyendo sobre tu carrera se puede ver algún que otro nombre recurrente ¿Qué te lleva a aceptar un trabajo o a trabajar con alguien?
Creo que lo que te permite trabajar con un mismo director varias veces es que uno ya conoce su estética, su forma de pensar y los tiempos que tiene.
En mi caso, al estar a cargo de varias cátedras como docente, he rechazado algunos trabajos porque me parecía que con mis tiempos no iba a lograr un buen resultado, al menos para lo que el director quería -capaz buscaba algo muy específico con una música muy determinada-. Cuando ocurre eso, derivo el proyecto a colegas que considero que pueden hacer un mejor trabajo. Esto se debe a la extensión o simplemente porque pueden dedicarle más atención al mismo.
También debe gustarme el proyecto, aunque admito que a veces, he aceptado un trabajo que no me convencía del todo –luego de haber leído el texto dramático o guion- pero, en esos casos, me lo tomo como un desafío.

¿Crees que una buena banda sonora puede mejorar una mala película o una mala obra?
Considero que una banda sonora puede llegar a completar una idea. Por ejemplo: si una película es medianamente pobre desde el punto de vista del argumento, capaz que la banda sonora tiene una cierta capacidad para ayudar a que ese complejo estético sea elevado gracias a una buena música o ambientación. Eso sí, puede ayudar, pero no me parece correcto que una banda sonora tenga la total responsabilidad. Al contrario, puede ocurrir que una muy buena película tenga mala banda sonora, con lo cual va a terminar desfavorecida. En síntesis, considero que es una expectativa exagerada que una banda sonora tenga la capacidad de salvar una película.

¿Qué es lo que tiene que tener la banda sonora para que sea una gran banda sonora?
Ocurre, a veces, cuando salgo de la sala de cine, que me ha quedado una melodía o una música y siento que esta misma colaboró para que yo pudiera sentir, de partida, lo que ocurría en el relato. Aun así, la música de un film, en muchos casos, para ser considerada “buena”, tiene que ser imperceptible, es decir, no llamar la atención. Todo se relaciona bastante con la función que se le busca para la banda sonora y que esta misma sea relevante. Por ejemplo, puede marcarnos una época, una geografía, etc. Por otro lado, se la puede considerar errónea cuando uno no la comprende del todo o pareciera que no tiene  sentido.  

Gracias a tu experiencia profesional, te ha permitido enseñar a otros sobre el trabajo ¿Qué opinas sobre la formación académica en musicalización de películas?
Es importante resaltar que la carrera de musicalización de películas NO existe como carrera profesional (al menos en gran parte del mundo). Hace unos años, muy afortunadamente, hice un trabajo de investigación, el cual presenté en el Congreso de Cine en Salamanca, España. Esta experiencia fue positiva ya que surgió el proyecto de dar un seminario sobre banda sonora de films. En Estados Unidos, si no estoy equivocado, en muy pocas universidades, hay una carrera denominada “Film Scoring”, pero hay una carencia de esta disciplina en la mayor parte de Hispanoamérica. De todas maneras, en esa región, las carreras vinculadas a la música y al cine, tienen materias relacionadas con el sonido y la banda sonora. En Argentina hay una falencia muy grande en cuanto este tema, principalmente porque en el cine se privilegia lo visual.

¿Cuál es tu compositor favorito en lo que a música incidental respecta?

No puedo nombrar uno en particular porque esa respuesta se relaciona mucho con el género del film. Varios que puedo nombrar son Nino Rota –admiro mucho su austeridad- y Bernard Herrman. En cuanto al cine argentino, Federico Jusid, quien hizo un brillante trabajo en El Secreto de sus Ojos. Me resulta difícil elegir uno, por eso menciono varios, que trabajan en diferentes géneros. Aun así, es extraño mencionar al compositor solo, lo usual es que se mencionen en duo, como: Alfred Hitchcock y Bernard Herrman: Federico Fellini y Nino Rota; Blake Edwards y Henry Mancini, entre otras maravillosas parejas que han realizado un increíble trabajo en conjunto.

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