lunes, 21 de abril de 2014

In situ


In Situ


    A esta altura de mi vida y después de tantas redefiniciones, las palabras se vuelven ambiguas para escribir sobre uno mismo. En mí, constantemente cada palabra se redefine como la piel en el tiempo, por tanto, hoy las contradicciones son para mí una certeza.

   Si bien “Escribir supone un diez por ciento de inspiración y un noventa por ciento de transpiración”, no hay que desestimar ese primer instante  en donde la palabra genera su  carga motora, tiempo en el que se condensan multiplicidad de  fuerzas contradictorias para generar la dinámica dialéctica con uno mismo, obteniendo como resultado la  objetivación del pensamiento. La cotidianidad de la palabra tiene la carga de nuestra existencia más allá de  nosotros mismos: recuerdo  un día en un lugar, como  todos los días y como en todos los lugares,  me miré en el espejo como  cualquier espejo,y aturdida ante tanta nada, reafirmé con voz profunda que, aunque la vida no tiene sentido, es hermoso es vivir.

   Sin la materialidad de la palabra es imposible afirmar la nada, No existe conciencia más allá del lenguaje. Como lo expone Bajtin: “el lenguaje participa en la vida a través de los enunciados concretos que lo realizan así como la vida participa del lenguaje a través de los enunciados”. El lenguaje configura la totalidad del pensamiento, es una dinámica constante en donde  lo inmaterial se materializa  en la palabra. 


   Las dinámicas del pensamiento son caóticas, como  una maraña de especulaciones, recuerdos, fantasías, sensaciones y sentimientos, que batallan para definirse y no perderse en la nada. El lenguaje, en su efímera materialidad temporal,  muestra en el espejo “la necesidad del hombre de expresarse y objetivarse a sí mismo”, así seamos nada.

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