En el Caribe
Es
admirable el caso de Wakefield. Cuántas personas querrían vivir en la casa
de en frente con tal de quebrar una rutina agobiante; aunque, si hubiese
necesitado tomarse un tiempo para dar aire
su relación, ¿por qué hospedarse
frente a su propia casa?. Esto sugiere que Wakefield tenía trastorno de
identidad disociativo y nunca nadie lo habría notado.
Es una posibilidad que muy pocos podrían negar;
aunque no hay que omitir la probabilidad más obvia: de que el Sr Wakefield habría querido separarse de su esposa y, en el afán de evitar un escándalo -frente a sus
hipócritas vecinos ingleses, quienes suelen ser de normas drásticas y moralmente correctas-,
decidiera hacer lo que muchos hemos
deseado hacer en algún punto de nuestra vida, desaparecer.
Convengamos: la sociedad inglesa ha sido siempre de cuidar las apariencias; es posible que
el Sr Wakefield, las habladurias dedicadas a su esposa por parte de sus amistades, tuviese consideración por
la pobre mujer, y quisiese reducir el impacto, ya que una viuda y una mujer divorciada no son
miradas de la misma manera.
Resultaría
interesante conocer la versión de este prófugo marital, y comprender los
sucesos que lo llevaron a cometer tal osadía. El Sr Wakefield, que se ausentó de casa durante veinte años, al
volver encontró a su fiel y vieja esposa en su calurosa casa. Pareciera que hubiera estado de viaje; aparentemente no perdió nada. Lo más probable es que
estuviese de viaje, caminando en tanga por el Caribe ¡Viejo sagaz!
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