Una (rose) para Emily
Con el revuelo que ha causado la premier de “Una (rose) para Emily” del novato director Arturo Milanés, se ha vuelto a poner la mira en el cine independiente de bajo presupuesto; en donde un buen libro, un director visionario y un equipo con ganas, convierten un viejo cuento de 1930 en una visión contemporánea de una soledad perversa atravesada por las redes sociales.
Si bien 1930 no fue una época en que las redes sociales existieran, Milanés ambienta la historia William Faulkner en el presente manteniendo el tema de la soledad, y los prejuicios sociales.
Originalmente, “Una rosa para Emily”, inicia con la escena del funeral de la vieja Emily en una casona de arquitectura pesada, quien tras la muerte de su padre y la desaparición de su prometido, queda desprotegida económicamente aunque subvencionada en los impuestos por una aparente deuda de la ciudad con su padre, motivo por el cual se niega a pagar amparándose en el supuesto derecho de exención.
La vida de La señorita Emily desata odio por su soberbia, y compasión por su soledad y pobreza. Ella es mostrada desde la voz de un narrador homodiegético, quien cuenta cómo un capataz que estaba de paso por la ciudad la pretende, la misteriosa compra de arsénico para ratas en la farmacia, el olor nauseabundo proveniente de su casa, y la prolongada soledad hasta su muerte; siendo esta la oportunidad para los vecinos de saciar su morbosa curiosidad, y descubrir que la muerte también es compañía.
La astucia de Milanés consiste en traer esta historia con todos sus elementos al contexto virtual que ofrece internet, integrando como eje del relato el concepto de trolling. Si bien su escenografía es pobre, la perfecta armonía entre el cuento, el guion, la actuación, y la magnífica musicalización de Hernanda; sumerge al espectador en una situación intensa; convirtiéndolo en cómplice de asesinato y defensor de la sola victimaria ante los trolls. Es evidente como dentro de este marco contextual se desarrolla una fuerte crítica al proceso de expropiación de la intimidad y automarginación al que están sometidos actualmente los usuarios de las redes sociales.
El film psicológico de 91 minutos está fragmentado en 7 elipsis temporales, lo cual evidencia la neurótica fijación del director por la numerología en sus escenas y su misticismo ritual en la práctica cinematográfica.
“Una (rose) para Emily”, ya se encuentra rodando en la red y está dando mucho que hablar. No en vano ha sido invitada al Festival des filmes du monde en Montreal. Esperemos que el desvío de fondos manejado por la mafia cinematográfica de nuestro Ministerio de Cultura; opte por apoyar el talento nacional y no permita un asesinato de nuestra ya golpeada industria audiovisual.
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